
El llevaba 5 años viviendo en soledad en ese enorme departamento, cargado de lujos y minimalismo absurdo, que nunca le sirvió de nada. Vestía siempre de la misma forma, traje negro, zapatos elegantemente lustrados, camisa blanca, totalmente sobria, abierta, que dejaba mostrar su pecho perfectamente afeitado.
Su rutina era parecida, del trabajo a la casa, de la casa al gimnasio y después de una ducha dejaba fluir su pasión, el dibujo.
Desde su 4to piso obervaba las montañas de fondo, pero también la gente pasar. Fue la altura precisa para ver la silueta perfecta, aquella que logró cautivarlo. Era un par de piernas largas, enveultas en una piel morena, unos pechos que formaban un circulo perfecto. Una mirada perdida como buscando algo, una manos alargadas, un pelo negro al viento y una sonrisa capaz de derretir un témpano de hielo.
Cada tarde ella llegaba al restaurant de la esquina para hacer caja. El religiosamente la mirada y se transformó en su pequeña obsesión.
La dibujaba caminando, la dibujaba sentada, parada de todos modos. Su impecable órden se transformó en millón de bocetos de ella por el suelo. Su evidente sencilles y su belleza intrínseca lograron hacerlo despertar su letargo.
Nunca se atrevió a ir a comprar algo a ese restaurant, al menos cuando ella estaba de turno. Las piernas se le hacían lana cada vez que imaginaba ese encuentro, su única motivación era seguir dibujando. A veces la dibujaba con kilos de más y otras veces calva, el sabía que lo que admiraba de ella era la escencia, no el envase.
Un día, vestido a su usansa bajó hasta un parque cercano. Habían flores, pasto, y se tiró a imaginar como sería su vida con ella. Dibujó en una hoja de cuaderno ese instante.
Cuando regresaba, Ella venía distrída y sin darse cuenta chocaron, y se el papel voló. Ella sintió lo que había pasado. El, sin palabras le dijo que lo que habñia volado no era un simple trozo de papel, sino un trozo de su vida. Ella, apenada le pidió disculpas, diciéndole que de alguna manera lo compensaría, y sonriendo siguió su camino.
El trabajo de El era minucioso, pero había perdido prolijidad. Cada vez que cerraba los ojos, aparecía la figura de ella en su mente.Dibujaba, era la única forma que tenía para abrazarla y sentirla. La frialdad del papel se transformaba en la calurosa sensación de tenerla cerca.
Ella lo conocía. Se había dado cuenta de que El espiaba desde su ventana, sabía donde vivía.
Una tarde El volvió temprano y Ella lo vio pasar. Llevaba en sus manos sustancias quimicas para analizar. Ella lo siguió con un kuchen de frambueza que había encargado a la cocinera, especialmente para El.
Toco la puerta y El salió con unos guantes de ule. Se sonrojó y le pidió disculpas, su facha era algo distinta a lo usual. Dejó de analizar el plutonio y cerró la salita donde trabajaba, se lavó las manos y recibió a su visita. Comieron, se rieron. El, nervioso, le pidió un sólo favor. Que se dejara dibujar de frente. Ella aceptó. Cuando comenzó con el primer trazo, sonó su teléfono. había ocurrido un accidente en el planta nuclear en que trabajaba, justo en el secto 7G del cual era experto. Le pidió que lo esperara, que hiciera lo que quisiera.
Camino al trabajo no dejaba de pensar en Ella, llevaba impregando su aroma en la ropa y puso las mangas en su nariz para sentirla cerca.
Ella entró en la pequeña salita donde estaba una extraña sustancia verde. Empezó a sentirse mal, y cada vez más mal. Tomó a manos descubierta la extraña sustancia y con los dedos untados rascó sus ojos, que le empezaban a picar. Estos comenzaron a sangrar sin piedad, sin parar. Un desmayo y pérdida de conciencia.
Pasó un tiempo no mucho. Ella despertó en una rara cama. No se acordaba de nada ni de nadie. Le dijeron que había tenido un accidente, pero no tenñia por qué preocuparse. Le contaron parte de su vida, no toda. Obviaron, por criterio médico lo que pasó ese día en el departamento. Pidió un espejo y vio unas raras cicatrices debajo de sus córneas. Prefirió no preguntar.
Días después más calmada, escuchando música caminaba por un parque, con flores y pasto. Su vista se perdió en un tulipán. Observaba de manera distinta, se sentía rara, todo era un borrador para ella. El tulipán atrajo su atención y no advirtió el choque con un hombre. El vestido de traje negro, zapatos elegantemente lustrados, camisa blanca, totalmente sobria, abierta, que dejaba mostrar su pecho perfectamente afeitado, unas gafas, un bastón y un perro lazarillo. Ella le pidió disculpas muy apenada. El le dijo que no se preocupara, y siguió su camino. (esta historia la escuche por ahí)
3 comentarios:
Me encantaron tus cuentos :D
creo que desde ahora pasare seguidamente por aqui :D
besitos
bye!
romina
hola... soy la futura Cameli, o eso creo, en fin.. estoy entre clases, solo pasaba asaludarte y a dejarte mi link..., en todo caso, lo único que tengo publicado, es una refllexión acerca de lo que tu dijiste estaba de moda hacer conmigo... un besote enorme.. me alegró haberte visto...
con el Cariño de siempre y ya leeré tus cuentos retorcidos. yo la Cami.
aquí, me tienes, acabo de leer la niña de tus ojos... ke triste, pero bastante interesante... deja el corazón un tanto apretado...
en fin, me alegra que tengas un pasatiempo tan agradable como este... tienes pinta de escritor
un besote enorme
te cuidas.
la cami
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