Cómicos han existido desde que el mundo es mundo. La risa es un antídoto al estrés de la vida diaria y ver una comedia en tv o escuchar un buen chiste parece el remedio perfecto para, por unos segundos, olvidarnos de la vida y concentrarnos en lo gracioso. Si bien hoy existen comediantes geniales como Adam Sandler y Jim Carrey, no hay que desconocer que las fórmulas humorísticas están gastadas y sus películas son una copia de lo mismo.
En tiempos en que el cine era gestual, que la industria era pequeña y en el arte de hacer reir estaba todo por hacerse, Chaplin fue capaz de causar gracia, y poner temas sociales de fondo en su prosa. Más que películas cómicas lo de Sir Chales Chaplin era crítica social pura, sin anestecia y al hueso. Tanto así que le costó el repudio de los Estados Unidos, la academia de Ciencias Cinematográficas, de los alemanes nazis, de algunos judios, al punto de ser desterrado de los Oscar, hasta que finalmente fue reconocido en los 70 con un pilucho dorado honorífico. Chaplin aplicó lo que más le duele al poder. El Sarcasmo. Fue capaz de reirse de la revolución industrial en Tiempos Modernos, de cuestionar el sistema establecido en sus muchos cortometrajes y denunciar los abusos de la segunda guerra mundial en El Gran Dictador donde encarna a un barbero judío que es confundido con Hitler, justo en tiempos en que Hitler era amado y odiado. Todo un valiente. Fue en ese tiempo en que, al finalizar la película hizo el más recordado y mejor discurso en la historia del cine, aludiendo a la situación mundial, con cojones y con la fuerza de un genio. «Lo lamento, pero yo no quiero ser un emperador, ése no es mi negocio, no quiero gobernar o conquistar a alguien. Me gustaría ayudar a todos si fuera posible: a los judíos y a los gentiles, a los negros y a los blancos. Todos deberíamos querer ayudarnos, así son los seres humanos. Queremos vivir con la felicidad del otro, no con su angustia. No queremos odiarnos y despreciarnos. En este mundo hay sitio para todos, y la tierra es rica y puede proveer a todos. El camino de la vida podría ser libre y hermoso...»
Años tarde sería, en méxico Mario Moreno, a quien apodaron Cantinflas el encargado de hacer reir y pensar con sus divertidas historias, casi todas con personajes de clase media, protestando ante el nefasto legado que el PRI, partido que gobernó por 70 años su país dejó. Aunque mucho más suave, Cantinflas fue la voz de la clase media y trabajadora.
Ambos son ejemplos de que la ironía en el humor es hasta necesaria cuando se quiere contribuir a mejorar una sociedad. A punta de risa.
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