merlot


Temprano, como a las 9 de la mañana. Había pasado una semana desde que comenzó el verano y el sol pegaba con rabia sus primeros rayos en el departamento de Anibal. No tenía muchos lujos, un televisor, sillones cuidados, minimalistas y una alfombra redonda de color gris. Preparaba el desayuno. Huevos con jamón, jugo de naranja y un café cargado. La noche anterior una fiesta descomunal había dejado su aposento sucio y lleno de botellas de vino, aconchadas y a medio tomar. Encima de la mesa de los libros había un merlot sellado, el mismo que no pudo destapar cuando Catalina rechazó casarse con él.



La fiesta estuvo copada por 15 personas, para tranquilidad de Anibal nadie logró cachar que la Cata había rechazado el anillo. El único en saber fue Esteban, su mejor amigo. Este lo tomó del brazo y lo llevó al baño, ahí le contó el desaire y juntos planearon que hacer.



La excusa de la Cata fue no sentirse segura.






La fiesta terminó cuando Alexandra se fue, justo a las 3 de la madruda y 8 minutos. De ahí Anibal se quedó dormido y Esteban lo tapó y se fue a su casa, en un suburbio de la ciudad.






Eran ya la 9 y algo y entró al departamento Esteban, con una tarjeta en la mano. Era poco fina, alargada y en un sobre blanco. Anibal tenía un dolor de cabeza de las milputas y decidió no ir a trabajar. Su calidad de gerente le permitía estas regalía. Esteban llegó con sus 104 kilos de peso, dio exactos 44 pasos al sillón coloquial de la esquina y destapó el merlot. Esteban era garzón, sabía que tenía que cubrir la botella con un paño para conservar los 21º que requiere este vino. Sirvió dos copas, un para él y otra para Esteban, quién con sus 70 kilos se excusó y prefirió no tomar. Esteban insistió, le pidió que antes de decirle a qué venía debían estar ambos un poco pasado de copas.






Aguardentosos comenzaron a recordar viejos tiempo, hasta que a la memoria se les vino el día en que Anibal le pidió a Esteban que le presentara a la morenita rica que trabajaba con él en el restaurante. En ese momento la cara de Esteban cambió y con todo sórdido y algo quebrasido le dijo "Catalina se va a casar conmigo, vamos a ser papás". Anibal lo miro desconfiado, le pidió que parara el webeo. En eso entra la Cata, con la llave que manejaba del departamento. Mira fijamente a Anibal y le dice, "Es cierto".






La copa se resbala de los dedos de Anibal y cada trozo de vidrio equivalía en forma proporcional a los que dividían su corazón. El vino sobre la alfombra era la sangre que comenzaba a salir de su nariz.






Rápidamente la Cata fue al baño por una toalla mientras Esteban contaba los sórdidos entretelones del romance. "Yo estaba con ella incluso antes de que ustedes se conocieran, pero tu sabes como es esto, tu eres el de las lucas yo soy un garzón y ella igual, necesitabamos una vaca lechera. Te cagamos todo el tiempo, y en una de esas ups! la Cata quedó embarazada, lo siento amigo, asi es la vida".






Con la nariz sangrando, manchado su bata de seda, Anibal no lo podía creer, ni medio palabra salía de su boca, lo único que hacía era mirar a su Cata, por quien estaba dispuesto a dejar su libertad. Con las manos llenas de sangre corrió a su velador en busca de algodón, que estaba al lado del revolver Winchster modelo americano, de 6 balas, sin repetición.






Olvidó el algodón y con las manos ensangrentadas como sinópsis de lo que pasaría, fue por la espalda de ambos. Primero las damas, obvio. Catalina recibió exactos 3 miligramos de plomo en su cerebro, la bala penetró y salió por el otro lado, demoró exactos 6 minutos en desangrarse y murio viendo una mosca que chupeteaba el vino.






La humanidad de Esteban hizo necesarios 4 balazos dos en la cabeza, uno en el corazón y como broche de oro, uno en los testículos, conocido también como el disparo del cierre. (plop)






Llorando de rabia e impotencia decidió llamar a la policía para denunciarse. En la cocina había quedado el sobre que traía Esteban. Lo tiñó de rojo, adentro, una tarjeta que decía:






"Querido Anibal: Feliz 28 de diciembre futuro esposo, no prestes ni fies hoy. Siempre tuya, tu Cata".















1 comentario:

Anónimo dijo...

Carola dijo...
buenisima la historia!!! me pasaron cosas.....hata debo confesar que se me puso la piel de gallina con el final....
no podia esperar menos de un genio creativo como tu....


en las buenas i en las malas, ia sabes......porque despues de todo lo que he visto.....de la insoportable levedad del ser que dice iamarse humano, aun creo en la amistad verdadera, reciproca, honesta i desinteresada.....

te quiero mucho hermano.....es la esencia de esto.....

2 de mayo de 2007 20:13